La música clásica surgió tomando elementos de otras
tradiciones musicales occidentales, tanto litúrgicas como seculares, como el
caso de la música de la antigua Grecia y
Roma (sobre todo por sus
contribuciones teóricas), o la música de la Iglesia católica (principalmente el canto gregoriano).
La música culta está hecha
exclusivamente para ser oída, a diferencia de otras músicas adjuntas a otras
formas de entretenimiento (la música de
cine es ejecutada a veces en salas de concierto). Los conciertos
de música clásica suelen tener una atmósfera solemne, se espera que el público
esté en silencio para evitar distraer al músico y los oyentes. Los intérpretes
de ordinario visten de manera formal, una práctica vista como un gesto de
respeto para la música y el público; y tampoco interactúan directamente o
bromean con el público. Lecturas privadas de música
de cámara pueden tener lugar en ocasiones domésticas más
informales.
Como en
las bellas artes, la música clásica aspira a comunicar una cualidad
trascendental de la emoción, que expresa algo universal acerca de la condición
humana
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