Los compositores clásicos aspiran imbuir a su música de una
relación muy profunda entre su contenido afectivo (emocional), y los medios con
los que lo logra. Muchas de las obras clásicas más elogiadas hacen uso del
desarrollo musical, el proceso por el que un germen, idea o motivo musical es
repetido en distintos contextos, o alterados de tal manera que la mente del
oyente, conscientemente o no, compara las diferentes versiones.
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